La implementación del calzado lleva años de evolución, por lo que ha tenido diferentes formas y diseños, que de una u otra forma restringen al pie.
Si nos transportamos a la historia del calzado, en la antigüedad se usaban diferentes tipos de material para cubrir los pies del frio, calor, piedras, espinas, la mordedura de algún animal, etc. Y cada cultura lo adaptaba a sus necesidades. Sin embargo a través del tiempo el calzado se convirtió en un objeto de lujo que sólo gente con poder o un gran poder adquisitivo podía usar. Por lo que se empezó a invertir más en el diseño y la forma del pie fue sacrificada.
Con la revolución Industrial se disparó la fabricación en serie de muchos objetos y el calzado fue una de ellas, por lo que se usó una horma genérica de pie y un sólo “estándar” en su diseño, dejando de lado aspectos particulares e individuales.
Cuando hablamos de la forma natural del pie, se pretende dar a entender libertad de movimiento, es decir, permitirle los movimientos para los que fue diseñado y que el pie debería proporcionar tales como flexión-extensión, rotación interna, rotación externa, pronación y supinación, etc.
Si se habla patológica y podológicamente, podemos entrar en un mundo infinito de formas de pie, sin embargo, hay patrones similares, pero nunca exactos es decir, no hay dos pies iguales.
Estudios de investigación durante años sobre el pie y el calzado, han encontrado diferentes estructuras y patrones de movimiento naturales que se han visto alterados por el uso del calzado convencional, que no benefician al pie sano. Y por lo contrario han llevado al deterioro y debilidad de éste, que son manifestadas al iniciar cualquier actividad deportiva.
Algunos hemos tenido la “osadía” de no hacer caso al sistema, ser naturales y volver a andar descalzos. Esto nos lleva a probar un pie libre de calzado, sin embargo, esta transición lleva tiempo, porque el pie requiere adaptarse nuevamente a estar descalzo para fortalecer tendones, músculos, articulaciones y huesos.
En la literatura deportiva hay artículos e investigaciones que ratifican el beneficio de caminar o correr descalzo y también el proceso de adaptación. Ya que un factor que entra en juego es la amortiguación; misma que se ha usado en exceso en calzado deportivo y que ha insensibilizado no sólo nuestros pies, sino la consciencia de movimiento que debemos tener con ellos. Esta falta de sensibilidad ha producido como resultado diferentes lesiones cómo fascitis plantar, exceso de pronación o supinación, lesiones de rodilla, cadera, etc.
Sin embargo, las zapatillas para correr no son el único problema para los corredores o caminantes, pues no todo el tiempo se usa este calzado, los zapatos que se usan a diario (trabajo-colegio-obras) etc., es el calzado que más produce daño a largo plazo, pues éste se usa por jornadas largas y aumentan la pérdida de sensibilidad y naturalidad del pie.
Finalmente hay un algo en el camino; la corriente del minimalismo o el barefoot aparece para identificar malos hábitos a la hora de correr o caminar. Así como entender y priorizar la funcionalidad del pie y no dejarse llevar por diseños y todo lo que promete una zapatilla deportiva.
Conocer las fortalezas y debilidades que tenemos en nuestra estructura corporal son un punto de partida para practicar cualquier disciplina deportiva.
Entender cómo estamos diseñados biomecánicamente, nos ayuda a comprender que nuestro cuerpo tiene la capacidad para moverse y adaptarse. Pero cuando se adapta a una forma errónea, será un poco más complicado el proceso correctivo.
Laura Ramos
Diseñadora con énfasis en producto
Universidad de los Andes
Functional foot course
Máster en Podología Deportiva
Fundadora del programa Huella TN
Duatleta
